Cálidad de vida y desarrollo sostenible – Alette Pichado Muñiz

El presente ensayo se propone establecer la relación entre el
desarrollo sostenible y la calidad de vida. Para ello, en primer término se retoman
algunas premisas básicas del concepto de sostenibilidad. En segundo lugar, se asocia el
concepto de calidad de vida con el de necesidades sociales. En tercer lugar, se trata de
determinar la forma en que puede insertarse el concepto de calidad de vida en el contexto
más amplio del desarrollo sostenible, y dentro de esa línea, se plantean algunas ideas
que, eventualmente, pudieran ayudar en la búsqueda de articulaciones. El artículo
concluye especificando algunos puntos que pueden ser importantes en la discusión de
calidad de vida y desarrollo sostenible.

    1. Algunas consideraciones
      iniciales: la noción de desarrollo

      La idea del desarrollo no es una
      preocupación reciente en el pensamiento económico y social. Su origen se remonta a los
      clásicos de la antigua Grecia. En "La República" de Platón hay presente una
      preocupación por el desarrollo, al igual que en "La Utopía" de Tomás Moro y
      "El Príncipe" de Nicolás Maquiavelo.

      En el siglo XX la noción del desarrollo ha sido objeto de atención y
      de encendidas polémicas. En el subcontinente latinoamericano, desde la formación de la
      Comisión Económica para América Latina (CEPAL) en 1949 y más tarde la teoría del
      subdesarrollo de Enzo Faletto y Fernando Henrique Cardoso en la década de 1970, el tema
      de desarrollo ha formado parte importante de la agenda de discusión.

      Durante los últimos años y con más fuerza en la presente década ha
      entrado en la escena política en forma vigorosa el concepto de desarrollo sostenible.
      Algunas definiciones son parciales e inconclusas y no siempre ha emergido con el mismo
      vigor y fuerza la noción de calidad de vida como componente central.

      1. Desarrollo centrado en las personas

        En este artículo se afirma la tesis que
        el desarrollo está centrado fundamentalmente en las personas. En particular, el concepto
        de desarrollo sostenible necesariamente tiene que estar centrado en las personas y no en
        los objetos materiales que rodean a las personas. Ello no significa que las personas
        tengan la potestad de destruir lo que está a su alrededor para usar a su antojo, sino que
        el indicador fundamental del desarrollo sostenible es la calidad de vida. Lo que nos
        interesa es que la gente viva más y que viva mejor.

        Ello nos plantea toda una serie de dificultades, no solamente en
        términos conceptuales sino también en términos de medición. Por ejemplo, una razón
        fundamental para que el concepto de crecimiento se haya tomado como indicador de
        desarrollo es que se trata de una noción más fácil de medir. Por el contrario, en el
        caso de la calidad de vida nos encontramos con una cuestión mucho más difícil de
        aprehender.

      2. Negociación para el desarrollo

        Un segundo punto que quisiera recuperar
        como premisa básica del desarrollo sostenible es que, en el marco del desarrollo
        sostenible, las decisiones implican sistemas complejos de negociación.

        Aquí hay que recordar lo que ha sido la historia de la teoría del
        desarrollo. En todas las circunstancias, en todos los momentos históricos, el desarrollo
        ha implicado procesos complejos de negociación, porque el desarrollo se genera en la
        interacción de las fuerzas que expresan los diferentes actores sociales.

        El desarrollo, si se quiere, es el lugar privilegiado en el cual los
        diferentes actores expresan su poder. Si bien esto está presente en cualquier idea del
        desarrollo, en el caso del desarrollo sostenible la noción de negociación es mucho más
        importante, en la medida en que la sostenibilidad implica sistemas mucho más complejos de
        aprendizaje. En ciertos círculos intelectuales, el concepto de negociación ha estado
        rodeado de prejuicios, en parte por asociarse a procesos en que los negociadores
        privilegian su beneficio personal y no el colectivo. También sucede que el concepto se
        toma como sinónimo de ceder o perder. Sin embargo, resulta de mucha utilidad concebir la
        negociación en el marco de "situaciones de poder compartido". Además, para el
        caso específico del desarrollo sostenible, resulta necesario entender de manera precisa
        la negociación en el plano de lo internacional y lo local.

        Lo internacional ocupa un lugar muy importante, en términos de la
        capacidad de interpelación del debate sobre el desarrollo entre el Norte y el Sur. La
        pobreza no tuvo capacidad de interpelación hacia los países del Norte. Los cambios
        climáticos sí, al igual que el peligro de la capa de ozono, por una razón muy sencilla:
        si bien la pobreza no afecta a todos por igual, en ciertos problemas que se derivan del
        ambiente, como los cambios climáticos, este impacto general sí existe. Esta capacidad de
        interpelación hace que la negociación en el plano internacional se vuelva mucho más
        compleja, y amerita una forma distinta de ver las cosas, para comprender de qué manera,
        en la coyuntura Norte – Sur, podemos ver cómo el problema de la capa de ozono también
        está relacionado con el problema de la pobreza.

        Otro nivel de negociación muy importante es el que existe entre las
        dimensiones económicas, social, ambiental y política del desarrollo. Ello implica,
        además, un nivel de negociación en términos de los diferentes actores sociales,
        requiriendo por lo tanto un análisis mucho más pormenorizado de lo que significa la
        recomposición de los actores sociales.

      3. Importancia de la transdisciplinariedad

      Una tercera idea básica implicada por el
      concepto de desarrollo sostenible está referida a la cuestión de los enfoques e
      instrumentos de análisis necesarios para abordarlo, los cuales rebasan los límites
      estrictos de las diversas disciplinas. Si bien el desarrollo siempre ha sido un proceso
      complejo de múltiples dimensiones y diversas facetas, en el caso del desarrollo
      sostenible -centrado en la calidad de vida de las personas, y recuperando el elemento
      intergeneracional-, el análisis se vuelve mucho más difícil. El desarrollo sostenible
      no puede ser, como fue en el pasado el desarrollo económico, objeto de estudio sólo para
      economistas, o como fue el desarrollo social, objeto de estudio sólo para sociólogos.

      En el caso del desarrollo sostenible la idea de la
      transdisciplinariedad es básica, y se vuelve central al estudiar el desarrollo
      sostenible. Hablar de transdisciplinariedad no significa hablar de inter y
      multidisciplinariedad, porque la interdisciplinariedad repite los mismos problemas de la
      unidisciplinariedad, solamente que multiplicados por la cantidad de disciplinas que están
      en el interior. La transdisciplinariedad significa que, respetando los espacios
      profesionales de cada una de las disciplinas, hay que tener una actitud de apertura para
      el abordaje del proceso de conocimiento del desarrollo sostenible.

    2. Calidad de vida y necesidades sociales

      ¿Qué significa el concepto de las
      necesidades sociales?. Este fue un tema ampliamente debatido hace décadas. Sin querer
      reproducir aquí la polémica, un elemento clave que puede ayudar a entenderlo es el de
      carencias, entendidas estas como aquello que no se tiene en cantidades consideradas
      suficientes. En la medida que las carencias se refieren a cosas o estados considerados
      imprescindibles, en esa medida las carencias se transforman en necesidades, condicionadas,
      por lo tanto, por los niveles de conciencia.

      Esta noción básica de necesidades sociales puede precisarse con
      varios elementos adicionales. En primer lugar, la satisfacción de necesidades está
      históricamente condicionada. Por otro lado, el tipo e intensidad de las necesidades está
      relacionado con los procesos productivos y sociales.

      Como señala Manfred Max-Neef, en la determinación de necesidades y la
      búsqueda de formas para satisfacerlas, los valores culturales juegan un papel muy
      importante. Las necesidades son siempre las mismas, pero los satisfactores- la forma en
      que la gente satisface esas necesidades- cambian (ver anexo). Siempre tenemos
      necesidad de vestido, comida o techo, pero hay diferentes tipos de satisfactores. Hay
      satisfactores que son violadores o destructores; por ejemplo, el armamentismo surge ante
      la necesidad de protección, pero la satisface destruyendo o violando, mientras que la
      limosna satisface momentáneamente alguna necesidad apremiante, pero constituye una falsa
      satisfacción, porque no es sostenible en el tiempo. Los satisfactores inhibidores, como
      el paternalismo o la sobreprotección, obstaculizan la satisfacción de otras necesidades.
      Los satisfactores singulares son aquellos que sirven para satisfacer una sola necesidad;
      un ejemplo es el suministro de alimentos: la gente come hoy y mañana sigue buscando.
      Finalmente, hay satisfactores sinérgicos, que generan satisfacción de varias necesidades
      al mismo tiempo; un buen ejemplo es la lactancia materna, que en principio satisface la
      necesidad de alimentación pero a partir de ahí se genera todo un proceso de
      estimulación afectiva madre-hijo.

      Max-Neef también distingue entre necesidades axiológicas y
      existenciales, diferenciadas a su vez según los órdenes del ser, el tener, el hacer y el
      estar. Las necesidades axiológicas son de subsistencia, protección, ocio, afecto,
      creación, libertad e identidad. Una necesidad de afecto en el nivel del ser es hacer el
      amor; en efecto, ésta no es una necesidad fisiológica, sino de afecto. En el caso de la
      necesidad de creación, el desarrollo de habilidades y destrezas que permiten mejorar los
      niveles de creación se convierte en una necesidad importante.

      Esta diferenciación entre necesidades y satisfactores de necesidades
      es un elemento que puede arrojar luces para entrar a discutir qué es la calidad de vida.
      Hablar del indicador de calidad de vida dentro del desarrollo implica hablar de las
      necesidades, cuáles son las necesidades sociales y cuáles son las formas a través de
      las cuales la sociedad tiene que ir encontrando formas de satisfacer esas necesidades,
      pero en términos positivos, no negativos.

    3. Calidad de vida y desarrollo sostenible

      Si el indicador fundamental del
      desarrollo sostenible es la calidad de vida, entonces el desafío es no destruir los
      recursos del ecosistema y hábitat social que hacen posible la vida y que hacen además a
      la vida digna (Agenda 21). Ello plantea la necesidad de identificar una serie de factores
      dinámicos del desarrollo y comprender sus formas de articulación.

      La calidad de vida depende de muchos factores, y entre ellos de dos
      fundamentales: la distribución de la riqueza y los ingresos, y por otro lado las
      oportunidades sociales. En la medida en que una sociedad pueda llegar a tener mejores
      niveles de distribución y mayores oportunidades sociales, en esa medida se van ampliando
      los márgenes para tener una calidad de vida sustentable.

      Sin embargo, no se trata de procesos aislados. Para poder hablar de
      calidad de vida también hay que tener una sociedad que se mueve en condiciones de
      competitividad. Sin embargo, no es cualquier tipo de competitividad la que va a tener
      capacidad de generar esa calidad de vida. Debe tratarse de una competitividad auténtica,
      que genere procesos de distribución y oportunidades sociales. Por lo mismo, resulta
      necesario hablar de competitividad laboral. La clave estriba en una competitividad
      lograda, no sobre las espaldas de una fuerza de trabajo barata, mal educada, con bajos
      niveles de salud, sino, por el contrario, con el concurso de una fuerza de trabajo
      educada, con indicadores de salud altos y, además, con capacidades, habilidades y
      destrezas para estar en capacidad de jugar dentro de este proceso de globalización.

      Por otro lado, la competitividad no puede generar calidad de vida si se
      fundamenta en la destrucción de los recursos naturales. Sin embargo, ello ha venido
      ocurriendo a lo largo de los siglos, atentando evidentemente contra la calidad de vida en
      el largo plazo.

      Igualmente importante resulta articular esa lógica de protección y de
      uso racional de los sistemas naturales de soporte a la vida, con la generación de una
      identidad nacional en que valores como la autorealización, la autoestima, el afecto y la
      convivencia entre las personas sean fundamentales. En Suecia, por ejemplo, que tiene la
      más alta participación de la mujer en el mercado de trabajo, las mujeres -teniendo todas
      las oportunidades para ingresar en el mercado de trabajo- prefieren quedarse en sus casas.
      Aquí hay un problema fundamental de articulación de competitividad laboral, calidad de
      vida, identidad y autorrealización, porque es una sociedad que ha podido resolver el
      problema de la incorporación femenina en el mercado de trabajo, pero no la
      sustituibilidad del trabajo doméstico, lo que genera una presión de cargas y sobrecargas
      que hacen a la mujer salirse del mercado de trabajo.

      El factor dinámico central en el modelo propuesto es el desarrollo de
      las capacidades de los individuos como colectividad -es decir, la capacidad social- para
      confrontar las dificultades, aprovechar las oportunidades, obtener logros con visión de
      largo alcance y generar procesos de seguridad ante el futuro.

      1. La articulación
        entre sociedad civil y sociedad política: un ej
        e dinamizador para la sostenibilidad

        De lo anterior se desprende que, para
        ampliar las posibilidades de un desarrollo sostenible centrado en la calidad de vida,
        debería de haber una interacción positiva entre la sociedad civil y la sociedad
        política. Por el lado de la sociedad política, ello implica a su vez una redefinición
        de los roles que juegan muchos actores importantes dentro de esta sociedad.

        Dos cuestiones fundamentales en este respecto son la credibilidad y la
        legitimidad, dado que su convergencia permite mover voluntades para dinamizar esa
        capacidad de confrontar dificultades y tomar decisiones. Por lo tanto, también debe
        tomarse en cuenta la necesidad de actores sociales formalmente constituidos y vigorosos, y
        el problema de la representatividad. Por ejemplo, en Costa Rica, si bien las asociaciones
        de empresarios representan muy claramente los intereses de sus asociados, no siempre se
        puede decir lo mismo de las organizaciones de trabajadores.

        Otra faceta problemática de la interacción entre sociedad política y
        sociedad civil son los niveles de desarrollo desigual dentro de los actores y la necesidad
        de procesos permanentes y sostenibles de calificación para que estos actores puedan estar
        en capacidad de ejercer de manera activa y decidida su rol de negociación.

        Desde la perspectiva de la interacción entre sociedad política y
        sociedad civil se replantea el problema de la negociación, cuando se trata de articular
        lógicas contradictorias en lo económico, lo social y lo ambiental. Ello sucede cuando lo
        económico es destructivo del ambiente y la historia, e irrespetuoso de las personas, lo
        ambiental lleva a posturas irracionales de conservación o a una noción de ecología
        utópica -donde lo importante no son las personas sino los árboles- y lo social se
        entiende desde una óptica asistencial que fomenta el paternalismo.

        La articulación de estas lógicas contradictorias puede ir dándose a
        partir de una serie de elementos alrededor del desarrollo sostenible con capacidad de
        interpelación. Uno de estos elementos es la capacidad de la noción de sostenibilidad
        para articular lógicas que han sido analizadas de forma aislada; por ejemplo, no sólo
        preocuparse por cuántos animales debieron morir para poder producir un maletín, sino
        sobre todo cuánto fue el salario de las mujeres que lo cosieron, cuánto debieron haber
        sacrificado de su tiempo y de su calidad de vida, y qué sentido humano puede tener todo
        ello.

        Otro elemento tiene que ver con la complementariedad real y efectiva
        entre el Estado, el mercado y la sociedad civil. La naturaleza de esta complementariedad
        no se resuelve con su simple postulación, pues también es una cuestión de saber cómo
        reestructurar cada uno de estos ámbitos, sin perder lo que cada uno de ellos permite
        hacer bien.

        En este respecto, la experiencia dice que el mercado no ha podido
        resolver el problema de la pobreza: entre 1950 y 1980, las economías latinoamericanas
        crecieron en forma bastante satisfactoria, pero la distribución de los ingresos no
        mejoró y la pobreza siguió creciendo. Entonces, la articulación de complementariedad
        Estado – sociedad civil implica corregir las fallas del mercado como asignador de
        recursos.

        En tercer lugar, la articulación de complementariedad implica
        fortalecer las capacidades de demanda y gestión de la sociedad civil, reconociendo la
        existencia de ámbitos en que la sociedad civil tampoco es eficiente o eficaz.

      2. Papel
        estratégico de la calidad de vida en el proceso de desarrollo

      Otra articulación importante entre la
      calidad de vida y el desarrollo sostenible es su capacidad de dinamización estratégica.
      Si se analizan los documentos de la ALIDES, resulta notoria la importancia atribuida al
      tema de calidad de vida, que se plantea como uno de los puntos centrales. Sin embargo, en
      términos operativos la calidad de vida aparece como un elemento resultante y no como un
      elemento estratégico y central. En el caso particular de Costa Rica, esto es básico,
      porque si algún país en esta región tiene la posibilidad de incorporar la calidad de
      vida como parte estratégica del proceso de desarrollo es precisamente Costa Rica.

      Plantear la calidad de vida como parte central de la estrategia de
      desarrollo implica darle a la distribución de las riquezas y la distribución de los
      ingresos un papel estratégico. La calidad de vida es una cuestión de equidad, y no sólo
      una cuestión de resultados; en efecto, distintos estudios demuestran cómo el
      costarricense medio requiere esfuerzos cada vez mayores para mantener su calidad de vida.
      La equidad no es solamente un problema de polarización entre pobres y ricos, sino
      también de promoción de oportunidades para satisfacer las necesidades.

    4. Nuevos
      tiempos: participación ciudadana, desarrollo local y relaciones sociales

Por último, otro punto importante para
hablar de calidad de vida dentro del marco del desarrollo sostenible es lo que he llamado
"el signo de los nuevos tiempos": la participación ciudadana organizada, la
capacidad de las comunidades, la participación con principios, con responsabilidades, con
respeto. Esto es lo que va a permitir darle fuerza a la articulación entre sociedad
política y sociedad civil.

La participación ciudadana organizada plantea de manera notable la
reivindicación del nivel local como el espacio propio y particular en el cual esta
participación se puede generar. Nuestra experiencia indica que en el proceso de
desarrollo local la gente está haciendo más cosas de las que todos los libros de la
teoría del desarrollo dicen que se debe hacer. La cuestión es cómo lograr articular el
espacio de lo micro y lo macro.

Un segundo elemento importante en este plano es que las relaciones
sociales requeridas para tener calidad de vida, son las relaciones primarias permeadas de
afecto. Ello reivindica nuevamente la participación local como un ámbito de gran
relevancia.

En tercer lugar, esta participación ciudadana organizada tiene que
partir del reconocimiento de las capacidades de las personas, y ello implica varios rasgos
fundamentales de las mismas: (1) La redefinición y articulación de "lo
femenino" y "lo masculino"; (2) La prolongación de la infancia y de la
juventud como un mecanismo para ampliar el entendimiento; y (3) La recuperación del
principio del anciano de la tribu como fuente de sabiduría.

Arlette Pichardo Muñiz
Centro Internacional en Política Económica

Universidad Nacional


Heredia, Costa Rica

cinpe@una.ac.cr  /  arlette@sol.racsa.co.cr
http://www.mideplan.go.cr/sinades/PUBLICACIONES/cambio-actitud/Articulo%20Arlette%20Pichardo.html

 

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